Intermezzo.

Iba a escribir cosas sobre tu despertar, sobre verte despertar, sobre lo guapa que estas mientras despiertas tranquilamente un domingo por la mañana. Porque me he despertado mucho antes que tu, como siempre, porque te encanta dormir y duermes mucho más que yo. Iba a escribir de todo esto pero me he dado cuenta que ultimamente empiezo a escribir siempre desde la cama, diciendo cosas sobre nuestro desperar, que si el despertador, el café etc y me aburro a mi mismo con todos estos inicios tan repetidos. Ayer descubrí una gran lista de Opera en Spotify, una de esas listas de las mejores canciones de Opera de siempre, Opera Classics se llama, con 70 super canciones (70 son bastantes, gran trabajo de busqueda de Decca Gold, así se llama el usuario, que hoy también he descubierto que es una discografica, ¡todo son noticias nuevas!). Buscaba opera mientras cocinaba, porque iba a hacer pasta y me dije a mi mismo que no hay nada como cocinar pasta con opera, así, juntando tópicos italianos juntos, así soy yo, muy poco predecible. El caso es que la opera me gusta cada día más, cada día me llega más, me destroza, me fragmenta el corazón en cada día más trocitos. Cuando cantan Pavarotti, Bocelli, Domingo o Callas, por ejemplo, cierro los ojos y sonrio como un autentico imbecil, porque joder, es muy bonito. Sus voces te hacen llegar a lo más profundo de tu felicidad. Esa llana y pura, básica y agradable, ardiente y pasional. En la que no necesitas nada más. Y ahora me acuerdo de esa lista y vuelvo a ella y suena el ‘Ave maría’ y mientras que lo escucho veo un rayo de luz entrando por la ventana de nuestra habitación mientras duermes placidamente y yo, tranquilo, te observo placidamente. No necesitas mucho más en la vida ¿verdad? Igual comer algo de pasta, con una copa de vino tinto mientras suena Pavarotti, pero bueno, tampoco vamos a caer en demasiado cliches.

Por la tarde, después de tomar el café, fuimos al cine a ver El vicio del poder, última película de Adam McKay con un Christian Bale ultra transformado. La verdad es que el guión es maravillosamente fresco, con giros geniales, recursos buenísimos de edición y con una grandiosa historia (por lo potente y bien contada, no es que yo simpatice con Cheney). Que grandioso es el cine, joder, llega tanto, conecta tan bien y tan profundo. A la salida hablamos y discutimos sobre la película, sobre el tema y lo que supone la información y el poder en los tiempos que corren. Mientra escribo esto suena el Intermezzo de Mascagni: Cavalleria Rusticana y me acuerdo de las grandes escenas de Woody Allen (que no es que sea el único que utilice este tipo de música en sus películas, es más mi cabeza quien ha sido la culpable del recuerdo). Por ejemplo en Match Point y el gran uso que hace de la Opera, o de Annie Hall y las grandes convesaciones, tanto con el espectador como con Annie. Recuerdo que Woody no puede hacer más películas y me da pena, porque me gustaba muchísimo Woody Allen y sus películas son muy importantes para mí. ¿Hasta donde le podemos poner trabas a la cultura? ¿No os parece totalmente maravilloso como algo nos puede llegar tan intensa y profundamente, tan desgarradoramente bien, como si nos conociese de toda la vida y supiese que teclas tocar, para hacernos sonreir de felicidad? Solo puedo dar las gracias.

Con la opera, el cine, la comida y el vino me pasa como cuando ese rayo de sol entra en la habitación, te alumbra mientras duermes y sonrio como un imbecil, que me hace feliz.

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