App motivadora.

El despertador lleva 15 minutos sonando, y mientras que ella ya se esta duchando, me volteo varias veces en la gran cama vacía. Todavía sigue caliente, todavía se siente la vida en ella. Me refiero a la cama y no a mí. Me termino de girar para apagar el despertador, porque 15 minutos de tortura nada más despertar, y a las seis y media de la mañana, es más que suficiente. “Buenos días Ángel, ¡feliz día!”, me dice mi querido despertador. Joder, nunca me gustó mi nombre, suena demasiado cursi. Me instalé esta App de despertador con frases motivantes para, supuestamente, empezar bien el día. Pero no es así, no cumple su función, no del todo, despertar me despierta, pero nada más, no alegra, no motiva. Lo tiraría por la ventana cada día. Miro las doscientas mil notificaciones de las miles de redes sociales de empleo en las cuales estoy inscrito, es demasiado pronto para poder pensar, no me he movido ni tomado el café todavía, así que elimino todas las notificaciones. Me siento en la cama, pensando “positivamente” que todavía el día es muy largo y que me debería dar tiempo a hacer muchas cosas.

Por suerte, siempre he tirado para adelante, siempre más, más y más. A veces me cansa tanto más, yo que siempre adoré la sencillez y la simplicidad de las cosas, lo básico de la vida. El olor del pan recién hecho, el frio en la cara una soleada y fria mañana de noviembre o su sonrisa, que me destroza cada día más (¡qué sonrisa!). Esos pequeños e interminables cliches, que sí, que todo el mundo a dicho o leído alguna vez, o que te desespera escuchar a tu amigo el cursi y que solo te provocan odio irracional. Supongo que como tengo un nombre cursi, hay algunas cosas básicas que me gusta repetir algunas veces. Como cada mañana, mientras ella se prepara, hago el café, corto la fruta y tuesto las tostadas. Desayunar juntos es uno de los pequeños placeres de mi vida. Me gusta mucho ver comer a la gente, es algo muy gratificante, cocinar y dar de comer. Es más una sensación básica, muy instintiva, de alimentar, de dar energía a los seres queridos. Me resulta muy bonito dar de comer a los demás, resulta muy reconfortante. Y ella es muy reconfortante para mí, así que darle de comer es lo mínimo que debería hacer. Desayunamos juntos y mientras ella termina de prepararse, yo pongo las noticias y termino mi café gigante, mi pozal despertador, mi tanque energético, mi droga matutina. Ella se irá ahora a trabajar y yo, como cada mañana, me quedaré en casa, pensando, reflexionando y evaluando mi ser, día a día, en esta constante borágine autoevaluativa que supone la búsqueda de empleo. Antes de ir a un psicologo para ver como eres, o evaluar tu día a día y autopsicoanalizarte, deberíais, porque yo no he ido todavía a un psicologo, poneros a buscar empleo. No hay nada más psicoanalizante, autoevaluador y personal que evaluarte y plasmar lo que eres antes de buscar empleo. Nada, ni la psicología, ni Freud ni todas las tonterias de sillón barato que un psicologo Argentino (yo y los chiches) pueda venderte. […]

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