Volver sola.

Esta semana vuelvo sola a casa, Daniel tiene problemas en casa y no ha podido venir. Algo ocurre con su padre, algo que no me quiere contar y que, seguramente, le voy a tener que sacar a la fuerza, como siempre. Qué callado es, siempre tan misterioso y precavido, pensando las cosas que dice mil veces antes de decirlas, dudando antes de abrir la boca, rumiando si esto o aquello esta bien o va a destrozar una relación para siempre. Siempre le digo que no debería ser tan exagerado. Piensa las cosas demasiado y tiene que ser más impulsivo. Los hombres más impulsivos me gustan más. Tienen ese no se que de valentía o de locura que, quien sabe porque, me parecen más atractivos. Igual que ocurre con los chicos malos, que nos atraen por la libertad, inconformidad y rebeldía que desprenden. O eso creo, no se, a veces dudo mucho de estas cosas. Igual es solamente cosa de la sociedad. A Daniel no se como le gustan las mujeres, quién sabe, esas cosas no me las quiere contar nunca, es como si le diese vergüenza o quisiese ocultarme algo. Se pone muy mono cuando se recoge sobre si mismo, se dulcifica mucho y, bueno, eso me sonroja. A él también.

Pienso en todas estas cosas mientras vuelvo, en estas y en mil cosas más, últimamente me da por pensar, si no hablo pienso, y como esta semana no esta Dani, pues pienso. Todos pensamos, aunque sea un poco, aunque digamos que no. El lunes hubiésemos hablado del fin de semana, pero no vi a Dani al salir de clase y, después de esperar más de 15 minutos y llamarle tres veces, volví sola. Dani y yo no compartimos clase, durante la primaria y la E.S.O. sí, pero ahora en Bachiller no, y justo este fin de semana he bajado a Madrid a casa de mi prima. La cosa esta interesante y tengo un par de preguntas que hacerle sobre Jose, es lo que, literalmente, me ha dicho Julia que tengo que preguntarle. Julia es de la misma edad que el hermano mayor de Dani y estudia derecho y LADE en una universidad muy cara de Madrid. El martes me crucé con Héctor, el mejor amigo de Jorge, el hermano mayor de Dani. Jorge lleva desde la semana pasada sin ir a clase y tampoco aparece por el piso que comparten. Esta situación se esta poniendo cada vez más y más extraña y el martes, justo antes de entrar en mi portal, noto una pequeña punzada en el pecho, como un pequeño aviso de que algo no va bien y que algo raro le ocurre a Dani. Obviamente, he pensado en él inmediatamente. Mi madre, casualmente, me pregunta por Dani y por su padre, me dice que hace mucho que no lo ve por el taller y que su madre hace más de una semana que no pasa por la plaza. Definitivamente algo raro esta pasando, algo que, seguramente, no va a tener buen final, porque cuando mi madre pregunta por alguien es que algo se esta comentando en la plaza, y eso no suele ser bueno. Al principio de los tiempos, cuando no había nombres creados para muchas cosas, como por ejemplo, la plaza del pueblo, estuvieron barajando el nombre de altavoz, pero por alguna extraña razón, terminaron poniéndole el nombre de plaza.

El miércoles es nuestro día del cine, Dani y yo vamos, rigurosamente, a la sesión de cine que organiza la universidad junto con el Club de cine, en donde se emiten grandes clásicos del cine y se proyectan infinidad de ciclos temáticos. Este miércoles tocaba Reservoir Dogs, dentro del ciclo Tarantino, película que nos vuelve locos. Nos conocemos los diálogos de memoria e incluso solemos escenificar la escena de la cafetería poniendo voces diferentes y disfrazándonos. Es jodidamente maravillosa esa escena. Dani sigue sin venir a clase, sin cogerme las llamadas y sin venir al cine. Esto me parece tan raro que decido acercarme por su casa, a ver si, al menos en persona, me coge la llamada y puedo saber que ocurre de una vez por todas. No hay nadie en su casa, el timbre suena fuerte y cerca de cinco o seis veces, pero nadie responde al otro lado, una gran bola de polvo gira y gira a través de la escena, sin respuesta alguna. Necesito una respuesta, así que decido escribir un email a Dani, porque tampoco me contesta a los whatsapp y yo necesito saber algo. Joder, es mi amigo, es Dani. Es él.

Hola Dani, soy yo, tu amiga Elena, no se si te acuerdas de mi. Hace días que no se nada de ti y me estoy empezando a preocupar. No se si te ha pasado algo a ti, a tu padre, a tu hermano o que cojones pasa, pero dime algo cuando puedas o cógeme el teléfono por favor.

Un beso.

El jueves me levanto sin ninguna respuesta, actualizo la bandeja de entrada del email constantemente, dándole hacía abajo impulsivamente, accionando el resorte que hará que me llegue el email de Dani instantáneamente. Pero nada llega, nada entra, no hay whatsapp, ni email, ni llamada. Nada, la nada más absoluta, un frio viento levanta mi pelo y hace que mire al horizonte más profundo. Me quedo clavada a la salida del instituto, a la espera de volver con Dani a casa, pero nada, solo el viento acompañará mi camino. Y Andrés, el vecino con Síndrome de Down del piso de arriba de Dani. Andrés, el chico que lleva 10 años enamorado de mi y que siempre, absolutamente siempre, me saluda cuando quedo con Dani en su portal.

– ¡Hola Elena! – me saluda Andrés dándome la mano, él es muy educado.

– Hola Andrés, ¿qué tal estas? ¿cómo van esas clases?

– Bien. ¿Y Dani?

– Pues no tengo ni idea, seguro que tú le has visto mucho más que yo estos días.

– No, hace mucho que no le veo.

– Igual que yo. ¿Dónde se habrá metido Daniel?

– Estará en el Hospital, porque su padre estaba muy mal, dice mi madre que se puso muy malo y que se lo han llevado al hospital para curarle.

Me paro en seco, odio cuando la gente hace este tipo de cosas. Puto Daniel, ¿por que no me avisa? Acompaño a Andrés a casa y le pregunto a su madre sobre Daniel y su padre. Me dice que su padre esta bien, Daniel es el que esta mal. Se me hiela el cuerpo mientras Carmen me cuenta todo esto, noto como si una serpiente helada me estuviese recorriendo el interior de mi cuerpo, helando cada centímetro de mi alma. Nada bueno sale de la boca de Carmen, maldita sea Carmen, ¡que noticias de mierda son esas!

Cojo el primer taxi que veo nada más salir de casa de Andrés, tengo que llegar al hospital lo antes posible, tengo que ver a Dani, tengo que saber que esta bien, o que se va a poner bien. Tengo que llegar a tiempo, pienso nada más subir al taxi, y esta frase, llegar a tiempo, me provoca un escalofrío y un mareo terrible. Decir que tengo que llegar a tiempo significa que puede que no llegue a tiempo, y que el tiempo de Daniel se acabe para siempre. ¿Pero que puta mierda a pasado? Me estoy empezando a poner nerviosa y esta sensación no me gusta, la tengo siempre que se que lo que va a pasar no es bueno.

En cuanto aparezco por el pasillo de la tercera planta, habitación 307 señorita, aparece Jorge rápidamente, y seguido su madre, otra señora que deduzco que es su tía y una señora mayor que, muy lentamente, intenta igualar la velocidad de llegada del resto. Ahora sí, ahora todos reaccionan y se acercan y se comunican rápidamente conmigo, pero nadie ha sabido escribirme o decirme que pasaba antes. Jorge me cuenta la peor noticia de todas, Daniel esta muy mal. Daniel está en coma ahora mismo, derivado de un fuerte traumatismo craneoencefálico provocado por la paliza que le ha dado su padre.

– Pero ¿cómo paliza?, pero ¿por qué?

– Mi padre odia a los gays, siempre se metía con ellos y a Dani siempre le vacilaba porque decía que parecía uno. El otro día Dani, cabreado perdido, le confesó que era gay y claro, mi padre enloqueció y bueno, ya ves que ha pasado. No sabemos donde esta.

Me quedo en shock, ¿Dani gay? ¿paliza? Me arrastro lentamente por el suelo del pasillo del hospital, hasta que me apoyo en la pared y meto la cabeza entre las piernas. Me zumba la cabeza y mientras oigo la voz de Jorge lenta y muy lejanamente, intento recordar en qué momento me he perdido las señales de Dani que me indicaban que era gay. ¿Cómo no he podido verlo antes?

Levanto la cabeza y veo a la abuela de Dani, observando una foto que supongo que es de su nieto, la señora esta llorando, igual que yo. Ella por su nieto, yo porque me acabo de dar cuenta de lo mucho que quiero a Dani, de lo enamorada que estoy de él y de lo mucho que quiero abrazarlo, en silencio, mientras respiro su característico olor. Ese que me transporta a los mejores momentos de mi vida. Joder, ponte bien. Te quiero Dani.

Relato escrito y presentado en el 1er Certamen Manuel V. Segarra Berenguer, organizado por la Asociación Literaria y Cultural ‘Escritores en su tinta’. Info.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s