La sonrisa eterna.

Te miro y me doy cuenta que me he quedado absorto, mis ojos han recorrido tu rostro, tu cambiada figura, y en algún momento, mi mente ha empezado a evadirse y a irse lentamente fuera del centro de día. La sesión de quimio no dura mucho, pero nos da tiempo a abstraernos, a no pensar en cosas cotidianas y a mirarnos de manera diferente, a mantener un silencio especial, generado por la sorda presencia del maldito líquido que se supone te va curar. Cuando él entra nosotros nos apartamos y, al menos durante la sesión, le dejamos trabajar en silencio, sin pretender distraer sus efectos o sin querer molestar al resto de compañeros que vienen a esta nueva iglesia a recibir el nuevo caramelo mensual. Es duro, pero de alguna manera que nadie sabe, la realidad te agarra y te pone sobre la tierra, te da un ostión de realidad y te hace más duro a ti e, inevitablemente, al resto. Yo no soy ella, no recibo caramelos, pero veo como esos caramelos le han ido modificando, detalle a detalle, hasta hacerla diferente. Porque quieras o no, esto te cambia. Y cambia tu día a día, tu situación y, obviamente, la suya.

Los detalles físicos son los primeros en verse, al menos para el exterior, son los más efectivos, los que primero se van. Se va tu pelo, tu apetito, tu energía, tu sonrisa, tu felicidad, tus ganas de muchas cosas, hasta a veces, de ser tu mismo. El color se marcha y te conviertes en un ente neutro que, arrastrado por las fechas y las sesiones del tratamiento, avanza en el año más raro, más difícil y más determinante de tu vida. Y tu vas detrás, viendo como ella cambia y tu no. Cómo ella sufre las consecuencias del caramelo más jodido del mundo. Piensas que tienes suerte de poder tenerlo (el caramelo, el cáncer no), pero joder, nunca habías imaginado que algo así te iba a pasar a ti y que supondría todo eso. Te acercas lo máximo, te necesita y tu la necesitas a ella, y cada día más, y cada día sientes que tu también eres parte de ese tratamiento y que estar bien a su lado va a hacer que el caramelo sepa mejor. Así que evitas pensar en todas esas tonterías físicas y le ayudas a coger y desenvolver y terminar el caramelo de la mejor manera posible, porque sabe mal, pero eso es algo que solo ella sabe y tu solo puedes imaginar.

Tu sabes que quieres que todo salga bien, que el proceso acabe rápido y que no se vuelva a repetir nunca más. Sabes que la quieres más y que la quieres diferente, pero mejor. Sabes que caigan los elementos físicos que caigan, la vas a seguir viendo guapa, porque su belleza no reside en eso, sino en su incansable sonrisa, su fuerza sobrehumana, su energía y en la constante lucha y ganas de vivir y seguir adelante que desprende día a día. Y suena feo decirlo, pero muchas veces solo vemos las buenas cosas en los malos momentos o cuando ya no están, y ahora mismo, toda esta mierda te ha hecho ver cosas que antes solo sentías pero que no sabías, o que no lo sabías así de bien.

Me doy cuenta cada día que lo que siento por ella es cada vez más fuerte y más claro. Que hay una parte física que ha cambiado y me arrastra únicamente a la mayor cercanía posible, a querer abrazarla 24 horas al día, a querer verla bien y a querer que nuestras sonrisas sean eternas y continuas, porque sabes que así también se puede curar el cáncer y sientas lo que sientas, tu no vas a dejar de sonreír. Al menos ella no te va a dejar de ver sonreír. Porque tú también has cambiado, ya no te expresas igual, ni te mueves igual, ni actúas igual. Su bienestar es lo primordial, lo único y primero en este largo camino, y no habrá nada que te pueda apartar de ese camino. Su camino es ahora tu camino, es vuestro camino. Y joder, se te encoge el corazón cuando te pones a pensar en estas cosas, se te queda cara de empanado porque mientras piensas en ella miras para adentro, recorriendo cada centímetro de su fisionomía con tu mente, cada sentimiento se eriza y te emociona. Pero no, tienes que estar fuerte, así que ocultas tu emoción y te centras en ella.

Vuelvo a enfocar y me doy cuenta que me estas mirando, supongo que durante todo el proceso, tu también me miras de otra manera, al igual que hago yo, porque yo también miro mi vida de otra manera, ahora a nuestra manera, a tú manera. Mirando ambos hacía la misma dirección, contra el puto cáncer, abrazando cada caramelo y peleando día a día porque nuestras sonrisas sean eternas.

Relato escrito y presentado en el concurso sobre el Cancer de Mama de la AECC, HULA y Suministros La Ronda. 19 de enero 2018. Info.

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